domingo, 25 de febrero de 2018

Los chistes que logran su cometido, mejoran nuestro cerebro

El máster en Neurociencias Hugo Valderrama te explica los beneficios de ese fenómeno social, que condiciona nuestras vidas en menos de un segundo.

El médico neurólogo y máster en Neurociencias Hugo Valderrama se refirió al fenómeno del chiste y sus beneficiosas repercusiones para nuestro cerebro.

Todo ocurre en un tercio de segundo. El chiste llega a nuestros oídos, pasa por el área auditiva, nuestro cerebro izquierdo analiza las palabras, el lado derecho hace la interpretación del doble sentido, en el medio un área central 'detecta errores' (se da cuenta que hay algo absurdo), eso sorprende al sistema límbico liberando la dopamina que da placer y termina en la carcajada.

El chiste es quizás una de las formas que nos dio la evolución para entrenar y premiar a nuestro cerebro en la busca de errores de cualquier tipo, incluyendo los que pueden tener consecuencias en nuestra vida diaria. Pero como si fuese poco, este no es el único beneficio:

Libera beta-endorfinas que potencian nuestro sistema inmune, nos hace más fuertes frente a las enfermedades en porcentajes suficientemente importantes, como para ser detectados en muchas estudios científicos realizados.
Las endorfinas liberadas además son un poderoso analgésico, literalmente el humor nos ayuda a soportar el dolor físico.

Disminuye la adrenalina y el cortisol, neurotrasmisores que se generan frente al estrés. Nos ayuda a disminuir la ansiedad y mejorar síntomas depresivos.

¿Eso solamente? No, también nos une como especie, nos ayuda a superar la ansiedad de un posible encuentro. Por supuesto que el contexto de un chiste y su resultado cambia según la cultura, pero muchos “absurdos” son más universales que cualquier lenguaje. 


Pero es interesante que en la generalización de las diferencias entre la mujer y el hombre, moldeadas directamente por esas culturas, encontramos que no responden exactamente igual al mismo tipo de humor. El hombre es más “fácil”, alcanza con el solo hecho de que su cerebro detecte algo “absurdo” para no parar con las carcajadas. 

En cambio la mujer tiene una mejor capacidad de sintaxis, más análisis emocional y por lo tanto necesita en la mayoría de las veces algo más elaborado para sorprenderse, que le genere el mismo nivel de carcajada.

El chiste, un giro absurdo que rompe nuestra expectativa lógica y nos da más salud.


¿Que sentís?
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