Una tragedia hizo que su vida cambiara y fue hasta el vaticano con su arte

Agostina Mauro tiene 28 años y utilizó la pintura para sanar el crimen de su padre.



Lo primero que recuerda Agostina Mauro de su infancia son los dolores de cabeza, provocados por el daño invariable y perpetuo de la tragedia que marcó para siempre su destino y el de su familia.

“Mi papá era dueño de una fábrica acá en San Vicente, a una cuadra de mi casa. Un día le entraron a robar y lo asesinaron. Yo tenía cuatro años. Fue lo más duro que nos tocó vivir, y creo que a partir de eso empecé a dibujar por necesidad”, explicó a TN.

La mujer de 28 años encontró en sus dibujos y pinturas la forma de expresar y canalizar el dolor. Lo que no podía manifestar con el habla lo hacía a través de sus imágenes. “Pintaba rostros, eran obras muy tristes. Yo tenía 11 años y estaba obsesionada con eso. Me pasaba horas pintando”, contó.

“Me decían que me iba a morir de hambre”

Su mamá advirtió su talento y la anotó en un taller de Alejandro Korn para que perfeccionara su técnica. “Ahí descubrí la verdadera pintura y me enamoré por completo. Me llamaban para exponer mis trabajos en el municipio de San Vicente, en la Casa de la Provincia, en museos. Así fue toda la secundaria, aunque cuando comencé a hacerlo profesionalmente me decían que me iba a morir de hambre”, agregó.

Si bien su familia apoyaba la idea de que persiguiera su sueño, también dudaba de que el futuro le brindara una oportunidad de progreso. “Llegó a afectarme. Me anoté para estudiar Bellas Artes en La Plata. Apuntaba ser docente en una escuela, aunque a los 16 ya daba clases en el ámbito privado”, sostuvo Agostina.

Tras culminar la carrera, comenzó a darse cuenta de que sus obras trascendían más allá de sus aspiraciones y que los encargos no paraban de llegar. Claro que para eso debió viajar con ellas en el tren, visitar galerías en Buenos Aires y sumar kilómetros de errores y equivocaciones.

“Hoy agradezco todo eso porque me sirvió de experiencia. Siento que me equivoqué mucho porque hubiese sido mejor enfocarme en mis redes sociales y crecer por ahí. Me pasaba de llegar a lugares y darme cuenta de que los eventos no buscaban difundir los trabajos sino lucrar con los artistas”, rememoró.

Al asentarse en la actividad también logró ordenar sus clases y crear una escuela propia que tiene más de 100 alumnos y una lista de espera que aún desconoce cuándo podrá abrir. “Los tengo agrupados en diferentes horarios, tres veces por semana. El resto de los días los uso para pintar”, explicó.

Explosión en las redes, retrato de Lionel Messi y una visita al Vaticano

En 2020, Agostina sorprendió con un enorme mural dedicado a los y las trabajadores esenciales que fallecieron a causa del COVID-19. El trabajo sobre el puente ubicado en Ruta 6 y 210 (San Vicente), llamado “Héroes de la pandemia”, le dio un salto inesperado a su carrera.

La cantidad de seguidores en sus redes sociales creció exponencialmente y sus pinturas comenzaron a viralizarse. Se incrementó la lista de pedidos y también su imaginación para ir más allá.

Fue así como a través de un cliente, a quien le había hecho un mural en su casa, surgió la posibilidad de contactarse con Claudio Tapia, presidente de la Asociación del Fútbol Argentino, con el propósito de entregarle un retrato de Lionel Messi levantando la Copa América.

“No lo llegué a conocer. Estaban aislados, en burbuja sanitaria, no lo pude conocer, pero se la entregaron a Messi”, dijo la artista. De aquel trabajo nació otro con Diego Maradona como protagonista, donado por Agostina a su municipio para una subasta benéfica. Su cuadro obtuvo el doble de dinero que una camiseta de la Selección Argentina firmada por Messi.

Previo a todo este suceso, Agostina conoció al papa Francisco en una visita especial al Vaticano, cita a la que acudió puntualmente para entregarle un cuadro pintado exclusivamente para él.

En 2017, la artista visitó Roma y dejó una carta en la urna de la plaza San Pedro expresando su deseo de conocer al Papa y obsequiarle un trabajo suyo, relacionado a la temática de La Piedad. Su carta fue correspondida y en 2018 fue parte de una audiencia pública en la que hizo emocionar al Sumo Pontífice. “Me dijo que era una gran artista, estaba muy contento”, contó.

“En aquel viaje me enamoré de Italia y siempre pensé en irme a vivir allá, por eso estoy haciendo la ciudadanía. Aunque me va muy bien acá y no me quiero ir ya. Yo agradezco todo el tiempo poder dedicarme a esto, que no es algo fácil, pero mi sueño es viajar y pintar. Que mi trabajo me abra puertas para seguir pintando”, confesó.

Agostina posee una demanda de encargos con turnos que llegan hasta febrero de 2023. “Yo trabajo con mi imagen en las redes y lo aprovecho, aunque a veces me escriben para otras cosas. Por ejemplo me preguntan si vendo contenido erótico. Me río de eso sinceramente. Ojo, haría más plata, eh”, indicó.

Narró que uno de los trabajos más extravagantes que le tocó realizar tuvo a un hombre que le entregó una foto de él en ropa interior y le pidió que le pintara encima el traje del Capitán Marvel. “Me ha tocado retratar a gente teniendo sexo también. Muchas cosas”, continuó Agostina.

“Me va bien acá y sé que afuera cotizaría mejor, todo el tiempo lo pienso. Yo trabajo con algunos clientes del exterior y ahí notás la diferencia: pasás un valor en dólares y sabés que para la persona es más fácil pagarlo. Acá paso 30 presupuestos y quizás termino haciendo uno o dos”, manifestó.

Agostina precisó que lo que más le gusta de su trabajo es “meterme en la cabeza de otra personas y llevar a cabo lo que está pensando, interpretar con mi pintura lo que sucede por su mente”.

“Lo peor, a modo general, es la idea social de que no se puede vivir de esto. Eso me afectó, aunque hoy que construí una carrera lo dejé atrás. Pero esa incertidumbre es fea. No saber cómo llegar a hacer lo deseado es difícil. ¿Cómo lo construí yo? No tengo una receta”, completó.



FUENTE: TN

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