Adolfo Franke, productor porcino del sur de la provincia de Santa Fe habló de las estadÃsticas recientes del sector que reflejan un volumen de exportación superior a las 7.600 toneladas de carne porcina en los primeros cinco meses del año.
El consumo de carne de cerdo en Argentina mantiene un crecimiento sostenido desde hace casi dos décadas, impulsado por una mayor eficiencia en los criaderos y un plan estratégico que apunta tanto al mercado interno como a la expansión exportadora. Asà lo analizó Adolfo Franke, productor porcino del sur de la provincia de Santa Fe y presidente de la Asociación de Productores Porcinos de Santa Fe (Aporzafe).
Al evaluar las estadÃsticas recientes del sector, que reflejan un volumen de exportación superior a las 7.600 toneladas de carne porcina en los primeros cinco meses del año, Franke destacó el comportamiento de la demanda local: "Lo que viene sucediendo hace casi 20 años es el incremento del consumo de cerdo. Pasamos de un promedio de 3 o 4 kilos por habitante al año a estar orillando o superando los 20 kilos actuales".
De cara al futuro, el dirigente proyectó metas ambiciosas para la próxima década. "Tenemos un plan estratégico y pensamos que dentro de 10 años vamos a estar alrededor de los 30 kilos de consumo por habitante al año. Además, proyectamos exportaciones ya no de 7.000 toneladas en cinco meses, sino de 300.000 toneladas anuales. Ese es el gran desafÃo que tenemos", aseguró.
Importaciones y competitividad
Consultado sobre el impacto de la carne porcina proveniente de Brasil —una variable que históricamente generó preocupación en los productores de la región—, el presidente de Aporzafe matizó la situación actual del mercado: "Las importaciones a veces pisan el 10% de la producción, mientras que las exportaciones representan el 1%. TodavÃa tenemos ese desafÃo por delante, relacionado con la evolución de los mercados. Vemos un horizonte de mayor competencia y nos tenemos que ayornar todos para lograr buenos indicadores productivos, porque de lo contrario se complica muchÃsimo".
El impacto de las tarifas energéticas
Otro de los puntos analizados durante la entrevista fue el peso de los servicios públicos en la estructura de costos de los establecimientos, habitualmente expuestos a los riesgos climáticos y a la necesidad de mantener ambientes climatizados para los animales.
Al respecto, Franke relativizó la incidencia directa del último ajuste tarifario en el esquema general: "El componente de la energÃa en una producción industrial es del orden del 2%. Entiendo que en mayo subió un 30%, lo cual no es poco, pero el impacto real se da sobre ese 2% del costo total".
En ese sentido, explicó que la actividad se encamina de forma irreversible hacia un modelo de escala e integración: "La producción porcina va creciendo y ayornándose; tenemos mejoras muy grandes en genética, manejo e instalaciones. Es una producción de escala y de integración. Aquellos que tienen una escala baja tienen que integrarse para poder sostener la actividad, donde fundamentalmente lo que hacemos los productores es agregar valor al maÃz y a la soja".
Sustentabilidad y economÃa circular
Por último, respecto de la adopción de energÃas limpias y la instalación de biodigestores en los campos productivos, el referente sectorial aclaró que la alternativa no es masiva debido a las exigencias de inversión y volumen que requiere.
"Instalar un biodigestor y armar toda la cadena de la economÃa circular requiere de bastantes inversiones y de una escala mÃnima. Es muy difÃcil lograrlo en establecimientos chicos porque no llegás a alimentarlo con los residuos necesarios", detalló Franke.
"La gran mayorÃa de los productores opta por usar los efluentes para aplicarlos directamente en el campo y de esa manera hacer economÃa circular, pero no para producir gas y, a partir de ahÃ, energÃa eléctrica. Hoy se cuentan con los dedos de la mano los que tienen todo ese cÃrculo cerrado, y no necesariamente es la única solución para el sector", concluyó.
Fuente: SFA/LT10







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