Viajar al espacio y volver con huesos más débiles: lo que reveló la misión Artemis II sobre la salud

Los estudios no solo impactan en la exploración espacial, sino también en enfermedades frecuentes en la Tierra.




La misión Artemis II no solo marca un avance en la exploración lunar, también vuelve a poner sobre la mesa un desafío clave que es saber cómo afecta el espacio al cuerpo humano. Uno de los puntos más críticos es la salud ósea, ya que la falta de gravedad provoca una pérdida acelerada de densidad en los huesos.


En condiciones normales, el esqueleto necesita el peso del propio cuerpo para mantenerse fuerte. Pero en el espacio, esa carga desaparece. “Los astronautas están sometidos a microgravedad, lo que genera una pérdida significativa tanto de masa muscular como ósea”, explicaron desde la Sociedad Española de Reumatología.


Este proceso puede ser rápido y marcado. Se estima que los astronautas pueden perder entre un 1% y un 1,5% de masa ósea por mes, especialmente en zonas como la cadera. En misiones largas, esa pérdida puede acumularse hasta niveles preocupantes, lo que debilita la estructura del hueso y aumenta el riesgo de lesiones.


Además, la descalcificación no solo afecta a los huesos. El calcio que se libera al torrente sanguíneo puede generar otros problemas, como cálculos renales o incluso depósitos en las paredes de las arterias, lo que podría impactar en la salud cardiovascular.


La recuperación


Aunque el cuerpo intenta recuperarse al volver a la Tierra, el proceso es lento. Puede tardar entre uno y tres años, y no siempre se logra volver a los niveles previos. Esto implica que algunos efectos podrían ser duraderos, sobre todo tras misiones prolongadas.


Para reducir estos riesgos, las agencias espaciales incorporan rutinas de ejercicio intenso y, en algunos casos, tratamientos farmacológicos similares a los que se usan para la osteoporosis. Sin embargo, los especialistas advierten que el ejercicio por sí solo no alcanza y que se necesita una combinación de estrategias.


Más allá del espacio, estos hallazgos tienen aplicaciones directas en la vida cotidiana. Situaciones como el reposo prolongado, lesiones neurológicas o un ictus generan efectos similares en los huesos. Por eso, la investigación en microgravedad no solo ayuda a planificar futuras misiones, sino también a mejorar la prevención y el tratamiento de enfermedades que afectan a millones de personas.




Fuente: EFE.

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