Los Beatles en el Shea Stadium: así fue el primer megarecital de rock

El 15 de agosto de 1965 el grupo tocó, con equipamiento rudimentario, ante 55.600 fanáticos. La historia detrás de un hito que cambió para siempre la historia de la música.




Durante los ocho años que duró su carrera en el ojo público, cada paso de Los Beatles fue considerado histórico. La revolución perpetua de su música y el avance del fanatismo a nivel mundial los llevó a innovar incluso en la manera de comunicar sus canciones.


Para agosto de 1965 tenían a Estados Unidos en la palma de su mano. En menos de 18 meses habían conmocionado a un país, desde su primera aparición en el programa de Ed Sullivan -seguida por 60 millones de personas por televisión- hasta una gira que contagió la beatlemanía entre la juventud. Los shows se convirtieron en un griterío imposible y la música pasó a un segundo plano. Ninguno de los cuatro Beatles podía escuchar a un compañero, la amplificación era rudimentaria y entre ellos comenzaba un lento desagrado ante la situación.


Tras pasar gran parte del primer semestre del año grabando Help -el disco y la película-, recibir la Orden del Imperio Británico por sus aportes (un año después grabarían “Taxman”), el 13 de agosto aterrizaron en Nueva York para dar el show más grande de su carrera: el concierto en el Shea Stadium. El espectáculo no solo constituía un hito en su corta trayectoria sino un punto bisagra en la historia de la música, convirtiéndose en el primer recital en un estadio. Pero claro, la tecnología reinante no había avanzado lo suficiente para que se pudiera desarrollar de la mejor manera.


Durante los ocho años que duró su carrera en el ojo público, cada paso de Los Beatles fue considerado histórico. La revolución perpetua de su música y el avance del fanatismo a nivel mundial los llevó a innovar incluso en la manera de comunicar sus canciones.


Para agosto de 1965 tenían a Estados Unidos en la palma de su mano. En menos de 18 meses habían conmocionado a un país, desde su primera aparición en el programa de Ed Sullivan -seguida por 60 millones de personas por televisión- hasta una gira que contagió la beatlemanía entre la juventud. Los shows se convirtieron en un griterío imposible y la música pasó a un segundo plano. Ninguno de los cuatro Beatles podía escuchar a un compañero, la amplificación era rudimentaria y entre ellos comenzaba un lento desagrado ante la situación.


Tras pasar gran parte del primer semestre del año grabando Help -el disco y la película-, recibir la Orden del Imperio Británico por sus aportes (un año después grabarían “Taxman”), el 13 de agosto aterrizaron en Nueva York para dar el show más grande de su carrera: el concierto en el Shea Stadium. El espectáculo no solo constituía un hito en su corta trayectoria sino un punto bisagra en la historia de la música, convirtiéndose en el primer recital en un estadio. Pero claro, la tecnología reinante no había avanzado lo suficiente para que se pudiera desarrollar de la mejor manera.


El día anterior al recital volvieron a tocar en el show de Sullivan, en el que presentaron las canciones de su reciente trabajo. Entre otras peculiaridades, Ringo Starr se presentó a él mismo y cantó “Act Naturally”; Paul McCartney estrenó “Yesterday” con un cuarteto de cuerdas ante unos pocos gritos y varios chistidos de silencio; Y cerró John Lennon olvidándose la letra de “Help”.


La producción del show en el Shea Stadium fue a los ponchazos y como se pudo. La empresa de amplificadores Vox diseñó un nuevo modelo que permitía llevar los 30 watts a potencia a 100, el escenario fue un cuadrilátero en el medio del estadio, sin pantallas ni grandes trucos pirotécnicos, y el sonido se conectó a los altavoces del estadio -donde se anuncian a los jugadores- para lograr que llegara a todos los fánaticos, que poco les importaba escuchar las canciones.


Ante el miedo de que se taponaran todas las entradas y puentes hacia el lugar, se decidió que al grupo se lo trasladara en helicóptero hasta las inmediaciones de la cancha y de ahí en una camioneta blindada hacia los vestuarios.


Ante 55.600 personas en las gradas que vieron a King Curtis, Cannibal and the Headhunters, Brenda Holloway & Sounds Incorporated como bandas soportes, Los Stones y Bob Dylan en el VIP, a las 21.10 Ed Sullivan salió al escenario e hizo la presentación con su estilo inalterable: “Ahora, señoras y señores, el honor de su país, condecorados por su reina, aquí en los Estados Unidos, ¡aquí están los Beatles!”.


Durante los ocho años que duró su carrera en el ojo público, cada paso de Los Beatles fue considerado histórico. La revolución perpetua de su música y el avance del fanatismo a nivel mundial los llevó a innovar incluso en la manera de comunicar sus canciones.


Para agosto de 1965 tenían a Estados Unidos en la palma de su mano. En menos de 18 meses habían conmocionado a un país, desde su primera aparición en el programa de Ed Sullivan -seguida por 60 millones de personas por televisión- hasta una gira que contagió la beatlemanía entre la juventud. Los shows se convirtieron en un griterío imposible y la música pasó a un segundo plano. Ninguno de los cuatro Beatles podía escuchar a un compañero, la amplificación era rudimentaria y entre ellos comenzaba un lento desagrado ante la situación.


Tras pasar gran parte del primer semestre del año grabando Help -el disco y la película-, recibir la Orden del Imperio Británico por sus aportes (un año después grabarían “Taxman”), el 13 de agosto aterrizaron en Nueva York para dar el show más grande de su carrera: el concierto en el Shea Stadium. El espectáculo no solo constituía un hito en su corta trayectoria sino un punto bisagra en la historia de la música, convirtiéndose en el primer recital en un estadio. Pero claro, la tecnología reinante no había avanzado lo suficiente para que se pudiera desarrollar de la mejor manera.


Durante los ocho años que duró su carrera en el ojo público, cada paso de Los Beatles fue considerado histórico. La revolución perpetua de su música y el avance del fanatismo a nivel mundial los llevó a innovar incluso en la manera de comunicar sus canciones.


Para agosto de 1965 tenían a Estados Unidos en la palma de su mano. En menos de 18 meses habían conmocionado a un país, desde su primera aparición en el programa de Ed Sullivan -seguida por 60 millones de personas por televisión- hasta una gira que contagió la beatlemanía entre la juventud. Los shows se convirtieron en un griterío imposible y la música pasó a un segundo plano. Ninguno de los cuatro Beatles podía escuchar a un compañero, la amplificación era rudimentaria y entre ellos comenzaba un lento desagrado ante la situación.


Tras pasar gran parte del primer semestre del año grabando Help -el disco y la película-, recibir la Orden del Imperio Británico por sus aportes (un año después grabarían “Taxman”), el 13 de agosto aterrizaron en Nueva York para dar el show más grande de su carrera: el concierto en el Shea Stadium. El espectáculo no solo constituía un hito en su corta trayectoria sino un punto bisagra en la historia de la música, convirtiéndose en el primer recital en un estadio. Pero claro, la tecnología reinante no había avanzado lo suficiente para que se pudiera desarrollar de la mejor manera.


El día anterior al recital volvieron a tocar en el show de Sullivan, en el que presentaron las canciones de su reciente trabajo. Entre otras peculiaridades, Ringo Starr se presentó a él mismo y cantó “Act Naturally”; Paul McCartney estrenó “Yesterday” con un cuarteto de cuerdas ante unos pocos gritos y varios chistidos de silencio; Y cerró John Lennon olvidándose la letra de “Help”.


La producción del show en el Shea Stadium fue a los ponchazos y como se pudo. La empresa de amplificadores Vox diseñó un nuevo modelo que permitía llevar los 30 watts a potencia a 100, el escenario fue un cuadrilátero en el medio del estadio, sin pantallas ni grandes trucos pirotécnicos, y el sonido se conectó a los altavoces del estadio -donde se anuncian a los jugadores- para lograr que llegara a todos los fánaticos, que poco les importaba escuchar las canciones.


Ante el miedo de que se taponaran todas las entradas y puentes hacia el lugar, se decidió que al grupo se lo trasladara en helicóptero hasta las inmediaciones de la cancha y de ahí en una camioneta blindada hacia los vestuarios.


Ante 55.600 personas en las gradas que vieron a King Curtis, Cannibal and the Headhunters, Brenda Holloway & Sounds Incorporated como bandas soportes, Los Stones y Bob Dylan en el VIP, a las 21.10 Ed Sullivan salió al escenario e hizo la presentación con su estilo inalterable: “Ahora, señoras y señores, el honor de su país, condecorados por su reina, aquí en los Estados Unidos, ¡aquí están los Beatles!”.


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