Las siete plagas del sector pyme: cuando producir, vender y cobrar se convierte en una carrera de obstáculos

Las pequeñas y medianas empresas constituyen una parte fundamental del entramado productivo argentino. Generan empleo, abastecen los mercados locales, sostienen numerosas cadenas de proveedores y contribuyen al desarrollo de las economías regionales. Sin embargo, su capacidad para cumplir ese papel depende de una condición elemental: que producir, vender y cobrar permita sostener la actividad y proyectar el futuro.




Por: Ricardo Raúl Roccaro


En la Argentina actual, las dificultades que enfrenta buena parte del sector pyme merecen una mirada integral y a su vez detallada, pues no todas las empresas atraviesan la misma situación ni todos los sectores evolucionan de idéntica manera, pero existen problemas que, cuando se acumulan, pueden comprometer incluso a empresas con experiencia, clientes y capacidad productiva.

Un editorial reciente las definió como las siete plagas del sector pyme. La imagen resulta apropiada para describir una realidad en la que varias dificultades pueden actuar simultáneamente, pero, según los sectores y empresas en particular, pueden aparecer algunas o todas. El desafío consiste en identificarlas y comprender cómo se potencian entre sí.


La primera plaga: la caída de las ventas


Una empresa puede adaptarse, reducir gastos y mejorar sus procesos, pero difícilmente pueda sostenerse durante mucho tiempo si no vende lo suficiente. La pérdida de poder adquisitivo de los consumidores, la postergación de compras y la incertidumbre económica afectan especialmente a los negocios que dependen del mercado interno.

La debilidad de la demanda tiene, además, un efecto multiplicador: disminuyen los ingresos empresariales, se restringen las inversiones y se posterga la incorporación de personal. Lo que comienza como una reducción del consumo puede terminar afectando la producción y el empleo.


La segunda plaga: una apertura comercial sin una adaptación suficiente de la estructura productiva.


Las importaciones no constituyen, por definición, una amenaza. Pueden facilitar el acceso a insumos, incorporar tecnología y mejorar la competitividad. El problema aparece cuando las empresas nacionales deben competir con productos externos sin disponer de condiciones equivalentes de financiamiento, escala, infraestructura o costos.

La discusión no debería reducirse a importar o proteger. Debería centrarse en cómo integrar la economía argentina al mundo sin debilitar innecesariamente su capacidad productiva, su empleo y sus cadenas de valor.


La tercera plaga: la presión tributaria y la complejidad fiscal


Los impuestos forman parte del financiamiento del Estado y de los servicios públicos. La cuestión es cómo se distribuye esa carga, qué efectos produce sobre cada actividad y cuánto cuesta cumplir con las obligaciones tributarias.

La acumulación de tributos nacionales, provinciales y municipales, junto con las exigencias administrativas y las distorsiones que generan determinados gravámenes, puede afectar especialmente a las empresas de menor escala.

Una estructura tributaria razonable no debería limitarse a recaudar: también debería procurar que el sistema no desaliente la formalización, la inversión ni la generación de empleo.


La cuarta plaga: el contrabando y la informalidad


La competencia forma parte de toda economía de mercado. Pero no es lo mismo competir con una empresa más eficiente que hacerlo con quien evita obligaciones tributarias, laborales o aduaneras.

El contrabando y otras formas de comercialización ilegal pueden generar diferencias de costos que perjudican a quienes cumplen las normas. Combatir estas prácticas requiere controles eficaces, coordinación estatal y reglas que se apliquen de manera consistente, sin convertir la fiscalización en una carga innecesaria para los operadores formales.


La quinta plaga: el crédito caro y las dificultades para acceder al financiamiento


El financiamiento no es solamente una herramienta para invertir. También permite comprar mercadería, pagar salarios, sostener inventarios y atravesar períodos de menores ingresos.

Cuando el crédito resulta demasiado costoso, exige garantías difíciles de reunir o no está disponible en los plazos necesarios, la empresa pierde capacidad de maniobra. No alcanza con que una pyme tenga un proyecto rentable: también necesita recursos para llevarlo adelante.

La encuesta de competitividad y acceso al financiamiento presentada por CAME en junio de 2026 señaló que el 62,8% de las pymes consultadas no había accedido a financiamiento durante 2025. El dato muestra que el acceso al crédito continúa siendo una cuestión relevante para el sector, aunque no significa que todas las empresas enfrenten idéntica situación.


La sexta plaga: el aumento de los costos operativos


Las tarifas de energía son una parte importante del problema, pero no la única. Transporte, alquileres, salarios, insumos y servicios también integran la estructura de costos.

La dificultad se agrava cuando estos componentes aumentan más que los precios que una empresa puede trasladar a sus clientes. En ese escenario, vender no necesariamente significa ganar: la facturación puede mantenerse mientras se reduce el margen necesario para cubrir estos costos operativos.

Por eso, el análisis de los costos debe considerar su evolución conjunta y su relación con los ingresos.


La séptima plaga: el estiramiento de la cadena de pagos


Cuando los clientes demoran sus pagos, la pyme debe financiar el intervalo entre la venta y el cobro. Si, al mismo tiempo, tiene que pagar salarios, impuestos, servicios y proveedores, la falta de liquidez puede convertirse en un problema de supervivencia.

El fenómeno se propaga: quien cobra tarde posterga sus propios pagos y termina trasladando la dificultad a otros eslabones de la cadena productiva. Así, una empresa que vende puede quedarse sin dinero para continuar operando.


Las siete plagas no actúan de manera independiente. La caída de las ventas reduce los ingresos; los costos comprimen los márgenes; el crédito caro dificulta cubrir los desequilibrios; y las demoras en los cobros agravan la falta de liquidez. En determinadas circunstancias, esta combinación puede conducir a menos inversión, reducción de personal o cierre de establecimientos.

El impacto que genera en la economía el sector pyme, requiere que un Estado que apueste al crecimiento económico tenga en agenda ciertas medidas que puedan impactar favorablemente para dicho sector.


Qué debería hacer una política pyme


Si las siete plagas se refuerzan entre sí, la respuesta no puede ser una medida aislada. Pero tampoco puede ser una lista de deseos. Con recursos fiscales limitados, conviene ordenar prioridades, y hay tres frentes donde el efecto sobre la supervivencia de las empresas es más directo.


Primero, liquidez, y el Estado puede empezar por casa. Para una pyme, vender y no cobrar es tan grave como no vender. El Estado puede pagar a sus proveedores pyme en plazos breves y previsibles, con intereses automáticos por mora. Y puede devolver con rapidez los saldos a favor de IVA y las retenciones y percepciones que hoy inmovilizan capital de trabajo. Simples medidas que hacen que la cadena de pagos se destraba desde arriba.


Segundo, financiamiento, con un Estado que comparta el riesgo. El costo del crédito y las garantías que se exigen limitan el acceso de muchas pymes al capital de trabajo. Para atenuarlo, el Estado puede impulsar desde la banca pública líneas de crédito con trámites simples, plazos acordes al ciclo de cada actividad y tasas subsidiadas, con carácter  temporario, y dirigidas a empresas viables que atraviesan una situación de riesgo financiero demostrable.


Tercero, reglas que premien al que cumple. Simplificar la carga administrativa, unificar trámites entre nación, provincias y municipios, y combatir el contrabando y la evasión con controles previsibles apuntan al mismo objetivo: que cumplir no sea una desventaja competitiva. 


Nada de esto exime a las propias empresas. Mejorar la gestión, la productividad y la búsqueda de nuevos mercados también forma parte de la respuesta. Pero es difícil exigirle eficiencia a quien se queda sin capital de trabajo por culpa de un cliente que no le paga.


Las pymes no piden privilegios: piden que producir, vender y cobrar no dependa de superar una carrera de obstáculos.


¿Podrá la Argentina consolidar una economía estable si una parte significativa de sus pequeñas y medianas empresas encuentra cada vez más difícil transformar su capacidad de producir en ventas, sus ventas en ingresos y sus ingresos en inversión y empleo?



Ricardo Raúl Roccaro

Contador Público Nacional

Magister en Administración Pública

Docente por 27 años en la Universidad Católica Santa Fe